La innovación en soja y maíz apunta a producir mejor a partir de un manejo cada vez más preciso


El ingeniero agrónomo Sebastián Muñoz, titular de INTA Río Cuarto, lideró una capacitación realizada en la Rural de Río Cuarto sobre innovación y actualidad de los principales cultivos de la región. Agricultura de precisión, manejo por ambientes, nutrición y planificación fueron algunos de los temas abordados.
La innovación tecnológica está transformando la manera de producir soja y maíz en la región y plantea un nuevo desafío para los productores: pasar de un manejo general del lote a decisiones cada vez más específicas, capaces de reconocer las diferencias que existen dentro de una misma superficie productiva.
Así lo explicó el ingeniero agrónomo Sebastián Muñoz, titular de INTA Río Cuarto, durante una capacitación sobre innovación y actualidad de los cultivos de soja y maíz que se desarrolló en la Rural de Río Cuarto.
Según explicó, si bien la incorporación de tecnología atraviesa a ambos cultivos, es en el maíz donde actualmente se observa con mayor intensidad. “Se está metiendo tanto en el maíz como en la soja muchísima tecnología, pero mucho más en lo que es el maíz”, señaló




Tecnología para conocer mejor cada lote
Muñoz explicó que cuando se habla de innovación aplicada a la producción no se trata solamente de incorporar nuevas herramientas, sino de utilizarlas para lograr un manejo más adecuado y específico. En ese sentido, destacó el crecimiento de la agricultura de precisión y la agricultura digital, junto con el uso de imágenes y drones, herramientas que permiten conocer con mayor detalle el comportamiento de los cultivos y detectar diferencias dentro de un mismo lote.
“De alguna manera nos llevan a hacer un manejo más adecuado y específico, donde cada planta, cada sector del lote responde de una manera diferente”, explicó. Esta posibilidad abre paso al denominado manejo por ambientes o manejo diferencial intralote, que parte de reconocer que una misma superficie puede presentar distintos niveles de productividad.
“En un mismo lote podemos tener una zona donde rinde poco, una zona intermedia y una zona donde rinde alto. Ahí tenemos que pensar que tenemos un manejo distinto en cada una de las tres zonas”, detalló. De esta manera, la tecnología se convierte en una herramienta para conocer mejor el suelo, el cultivo y el comportamiento de cada ambiente y, a partir de esa información, ajustar las decisiones productivas.
Una campaña con buenas perspectivas
Al analizar las perspectivas para la próxima campaña, Muñoz consideró que el escenario puede ser favorable, luego de una campaña que calificó como “bastante buena” tanto a nivel departamental como regional. En relación con las condiciones climáticas esperadas, señaló que se avecina un año que algunos especialistas denominan “Niño” o “súper Niño”, escenario que podría favorecer a los cultivos por la disponibilidad de agua.
“Pensemos que el cultivo de maíz es nutrición y agua y si sabemos que vamos a tener buenas precipitaciones posiblemente tengamos una buena campaña”, explicó. Sin embargo, advirtió que un exceso de agua también puede generar inconvenientes, por lo que consideró necesario mantener una mirada integral sobre las condiciones de cada campaña.
“Creo que la perspectiva climática es buena, se observa tanto en maíz como en soja una buena campaña, pero como todo”, sostuvo. En ese contexto, remarcó la importancia de ajustar la fecha de siembra, la nutrición y el material utilizado, incorporando además la tecnología en cada uno de los procesos.
Construir rendimiento pensando más allá de una campaña
Para Muñoz, el desafío del productor no pasa por concentrarse en una única herramienta, sino por integrar todos los factores que intervienen en la construcción del rendimiento. “La invitación es hacer un manejo integral del cultivo”, planteó, y explicó que no alcanza con elegir una determinada semilla o aplicar un fertilizante, sino que es necesario considerar el conjunto de decisiones que hacen posible una buena producción.
Esto implica partir de un buen suelo y un diagnóstico adecuado, elegir los mejores lotes, utilizar una buena semilla y un buen material, garantizar una adecuada nutrición y realizar un correcto control de plagas y enfermedades. Pero también supone mirar hacia atrás y hacia adelante: conocer cuál fue el cultivo antecesor y definir hacia dónde se dirige la rotación. “Tenemos que tener en cuenta que no es solamente una campaña, sino que es una seguidilla de campañas”, sostuvo.
Planificar a corto, mediano y largo plazo
En esa mirada de largo alcance, el especialista de INTA Río Cuarto planteó la necesidad de incorporar distintos horizontes de planificación.
“En esa rotación que nosotros hacemos año tras año tenemos que tener una planificación a corto plazo, que es esta campaña, pero a mediano plazo, que son dos o tres años, y si pensamos a largo plazo en el cuidado del suelo, de cinco a diez años”, explicó. Así, la innovación aplicada a soja y maíz aparece vinculada no sólo con las nuevas tecnologías disponibles, sino también con una manera diferente de tomar decisiones, basada en información, conocimiento del ambiente, planificación y cuidado de los recursos productivos.
El desafío, en definitiva, es aprovechar las herramientas que ofrece la tecnología para producir mejor hoy, sin dejar de pensar en la sustentabilidad y la productividad de las próximas campañas
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