El retorno a la paz en una región clave para el comercio mundial

6/19/2026

La guerra en Medio Oriente tuvo la característica de no sólo afectar a la región en conflicto, sino que exportó dificultades rápidamente a todo el planeta.

Una zona de gran producción de petróleo y gas, pero también de fertilizantes, dejó consecuencias económicas y una presión sobre los precios de bienes sensibles como los combustibles, que a su vez generan impacto en casi todo el arco de productos y servicios. Un fletero en Uruguay, un taxista en Nueva York o un productor agropecuario en Argentina, sintieron desde comienzos de año el alza en los surtidores que los obligó a replantear sus ecuaciones económicas. Para la agricultura, además, la situación de los fertilizantes no fue menor y sufrieron una escalada importante.

Según el último informe de Fada, el movimiento de esos costos no fue menor. La urea, uno de los principales insumos de la agricultura, acumuló una suba del 48% en lo que va del año; mientras el costo del transporte aumentó un 26% respecto de marzo y un 37,3% contra junio del año pasado.

En Argentina, todo ese movimiento se dio en momentos claves, ya con los cultivos en desarrollo, con una ecuación económica corriente y luego durante la cosecha que es el momento de mayor consumo de gasoil por parte del campo. Este último aspecto no sólo incluye las labores en los lotes, sino el transporte al acopio o a puerto.

Sin acompañamiento de precios de los granos en la misma magnitud, buena parte de ese desequilibrio llevó a que, a pesar de la buena campaña productiva que logró el país, con unas 164 millones de toneladas, no haya existido una traducción lineal en la rentabilidad del productor. De otro modo, ese volumen general permitió al menos disimular en parte lo ocurrido con los costos. De lo contrario, el escenario hubiese sido dramático, lo que también refleja la magnitud de la fragilidad de muchos productores.

Lo cierto es que luego de afrontar inesperados costos en alza, la noticia del acuerdo entre Estados Unidos e Irán abre ahora expectativas en sentido contrario. Mientras avanza la siembra de trigo en la Argentina y muchos agricultores empiezan ya a planificar la próxima gruesa, la posibilidad de una baja en los fertilizantes y en el gasoil mejora el horizonte. El argumento central es la reacción de las pizarras, con un petróleo que se ubicó ayer en los 76 dólares por barril cuando semanas atrás alcanzaba los 120 dólares, durante los picos de tensión geopolítica. Es cierto que aún no alcanzó los valores previos al conflicto, pero la tendencia que dejó el acuerdo es bajista.

Flujo normalizado

Sin embargo, más allá de la cotización, lo que tranquiliza a los mercados es la normalización de los flujos de oferta a través del estrecho de Ormuz, que vivió 5 meses con interrupciones permanente y afectando al comercio internacional. No hay nada más tranquilizante que la previsibilidad; mientras una guerra, en una zona caliente, es justamente todo lo contrario. Por eso, con el correr de los días, los volúmenes disponibles de los productos críticos que salen de esa región debería recuperar su habitual ritmo.

En la Argentina eso supone un menor valor para una parte de su producción exportable, surgida de Vaca Muerta. Pero al mismo tiempo recibirá también los beneficios de la calma mundial -en los momentos de crisis globales los mercados emergentes no la pasan bien- y una mejor perspectiva para su sector más pujante, que es el agro, que además espera un Niño que colabore con el desarrollo de los cultivos durante el segundo semestre.

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