El mensaje de las urnas en EE.UU. y la oportuna visita del Papa a la Argentina

11/6/20262 min leer

Más allá de que el propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, haya admitido que buena parte de la derrota electoral que sufrió el martes en las elecciones de medio término que le dejaron un Congreso adverso para lo que le queda de gestión, haya sido la guerra contra Irán y el desequilibrio comercial que produjeron las interrupciones de tránsito en el estrecho de Ormuz, el mismo mandatario dijo luego que si volvería hacia atrás tomaría la misma decisión de atacar a los persas. Es decir, hubo un reconocimiento rápido del factor desequilibrante en las urnas, pero no un arrepentimiento público de haber iniciado una acción bélica que aún mantiene a todo el mundo en vilo. Una vez más se confirma que, de las guerras se sabe cómo y por qué se ingresa, pero nunca cuándo ni cómo se sale. Lo mismo ocurre en Ucrania, con la invasión rusa, el otro punto de conflicto mundial que además tiene en ese caso a un gran productor agropecuario en medio de un teatro de guerra.

El costo humano de esos conflictos, con miles de vidas perdidas, resulta irracional a esta altura del Siglo XXI. Pero además, en un mundo hiperconectado, lo que ocurre en un punto estratégico del planeta, afecta a millones de personas aun de los países más alejados. La consecuencia en la suba del petróleo por las dificultades en el estrecho de Ormuz; las complicaciones en la oferta triguera o maicera mundial por lo que ocurre en Ucrania, no encuentran un dique de contención. El resultado de las elecciones en Estados Unidos no sólo habla de la guerra y la decisión de Trump de iniciarla; también pone en el centro de la escena las múltiples consecuencias. El costo de vida en el mundo aumentó y eso se ve en las urnas de los Estados Unidos, en las calles de París, porque los focos siempre apuntan en esa dirección. Pero golpea más fuertemente en poblaciones de países subdesarrolados o en desarrollo.

Es lo que seguramente propondrá como mirada el Papa León XIV en su llegada al país este fin de semana. Intentará convertirse en una bocanada de oxígeno ante un tenso y prolongado clima mundial.

La visita del Papa buscará aportar desde “el fin del mundo” su mensaje por la paz, por las personas, por el trabajo, por los valores, especialmente el de la vida. No podrá ofrecer así un contraste mayor a la realidad del planeta.

Ojalá esa mirada tenga la suficiente contundencia para revertir ese desvío que tomó como atajo la humanidad. Pero no habrá que pasar por alto tampoco la situación de “nuestra propia casa”. Puertas adentro también hay muchas actitudes y expresiones en línea con el clima mundial. Impropio de un país que carece de fragmentaciones estructurales internas. Lejos de conflictos étnicos o religiosos, característicos de otras regiones del mundo. Sin embargo, divisiones más superficiales, pero igualmente dolorosas, aquejan a la población desde hace décadas. Para eso, la visita de León XIV puede ser un remedio oportuno si quienes transitan esas divisiones logran percibir la necesidad de dejarlas atrás para la conveniencia del conjunto. Sostenerlas sólo seguirá alimentando a quienes se encargan de cavar trincheras para beneficio propio.

Hay que volver a construir marcos sustentables para la convivencia. Parece claro a esta altura que, no sólo aquí, sino en gran parte del mundo las mayorías respaldan otro tipo de clima para sus vidas. Que la llegada del Papa convierta a la Argentina en el primer mojón en el camino de ese cambio.

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